Wednesday, June 08, 2016

Choclillo brasileiro al Ré de indias

Estos días -sufriendo empapaduras miles, sea en bici o, peor aún, como pietón usuario del vil Transpachurrado, he tenido frío, me goteó un romadizo incontenible y hasta fui onde una machi que dictaminó que mis venas no irrigan bien mis gélidos deditos de los piés, azulosos ellos de frío, querida Gabriela.

La solución: 
Cocinar, mandarse un buen estofado jugoso y especiado, como estuve haciendo hoy, rechazando toda invitación para salir a refocilarme con terrenales y angelicales aspiraciones. Por alguna inextrañable razón, casi todos los sustantivos me resultaron femeninos, inquietud a la cual ni siquiera el PhD Sigmund podría explicar...

La receta, ahora:

Ingredientes:
1-1/2 k de choclillo, sacándole las evidentes nervaduras, mas conservando todas sus grasitudes,
1 lata de arverjas de las más baratas, que son todas iguales, lo que importa es su ternura, como con las féminas,
1 tomate, en cubos de 1 cm de lado,
Cipolla, en juliana, las que tengas,
1 buen pimentón verdirojo, sin nervaduras ni sus pepas, las que se plantan,
1 lata de tomates en su jugo, tb en cuadraditos,
Sal, pimienta y especies, mientras más esóticas, mejor,
Vino tinto, ad libitum, el mismo que bebes mientras cocinas.

Preparación:
Rehogar la cebolla con sal, hasta que suelte jugo y antes que se dore a morir.
Añadir la carnecita esa, muy blandita ella, siempre que descongele sola, solita, mejor es cortarla de antemano en porciones.
Cuando ya huele el cocimiento, agregar los tomates, el ajo en pedazos masticables, pimentón, las arvejas con su jugo así cono los tomates.
Todo esto, obvio en un olla presurizadora, que es mucho más eficaz (¿eficiente?) que una simple cacerola.
Y justitito antes de tapar la susodicha, el tintolio y los condimentos que en este particular frigolento día, fueron los más especiados de mi repertorio:
Orégano, comino, tomillo y menta de mi vergel, pimienta negra, merkén.
Chimichurri, Quatre épices, cardamomo, curry, jengibre en trozos, anís, garam masala, lo que evita la inefable rama de canela.

Tiempo:
Fácil: comenzé con la Sinfonía en Ré menor de César Fanck y al último acorde cerraba la olla, dejándola silbar una buena horita...

Resultado:
Majestuoso, como la susodicha sinfonía...



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